William Alexander Cruz

Un Espacio para mi propia Reflexión Teológica y Filosófica - William Alexander Cruz García

9 de agosto de 2010

GRACIA Y TRANSFORMACIÓN

El presente artículo surgió como producto de la reflexión en el espacio de práctica ministeRial, de un pastor presbiteriano cumberland de la ciudad de Medellín (Andrés Giraldo), quien es estudiante de la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, y que en calidad de colega y compañero me permitió subir su reflexión a este blog; ya que escribió un interesante acercamiento del asunto de la gracia y la responsabilidad del hombre, que sin duda me hizo repensar muchas de las presuposiciones que tenía acerca del tema. Procuré en lo posible mantener el texto original, aunque hice algunas correcciones de forma, con el permiso de el autor; les animo a que lo lean y disfruten de esta reflexión, que sin duda, vale la pena ser leida.
 
GRACIA Y TRANFORMACIÓN

En el año 1984 el profesor Theo Donner presentó unas conferencias a la comunidad Bautista Canadiense que luego se convirtieron en la publicación de un libro acerca de la tensión que ha existido, en medio de la Iglesia Reformada, entre el concepto de la Soberanía de Dios y la Responsabilidad del hombre. En su libro, el profesor Donner muestra toda una explicación en cuanto a la diferencia de criterios entre los movimientos del Calvinismo y Arminianismo y cómo, cada postura, ha influenciado el pensamiento de las diferentes denominaciones eclesiales. De manera magistral, la argumentación del autor, lleva toda una defensa de la teología de la gracia con la búsqueda del equilibrio frente a diversas posturas que han pretendido ver el concepto de gracia como la llave para el desenfreno y la falta de responsabilidad de quienes la han recibido.

La preocupación parte del mismo concepto que hoy tenemos acerca de la Gracia, no el que está en el libro, que de hecho es una excelente exposición acerca del tema, ni por falta de criterios de quienes nos están formando o de una predicación oportuna, sino más bien, de cómo hemos entendido la Gracia y en qué forma ese concepto ha ido socavando nuestra responsabilidad y hemos perdido el equilibrio entre lo que conocemos del tema y lo que vivimos. No pretendo ser la voz en el desierto (¡ni más faltaba!), pero sí creo que hoy es pertinente mirarnos a nosotros mismos, y evaluar nuestro comportamiento a la luz de esta realidad.

La secularización de nuestra institución es evidente, hemos perdido valores, particularidad, hemos perdido criterio. Cuando observamos de manera detallada la forma en la que vivimos quienes formamos parte de ella, la preocupación crece junto con el temor. La falta de respeto entre estudiantes y profesores, la individualidad, la carencia de honestidad e integridad son pan de cada día en medio de quienes decimos profesar la fe en Jesús. Nos hemos ido olvidando del perdón, de la tolerancia, hemos dejado atrás la verdad por las conveniencias y poco a poco estamos perdiendo la sensibilidad y el amor, hemos hecho colectiva la permisividad bajo el pretexto de nuestra debilidad. Nos hemos permitido dejar de ser diferentes, cada día nos parecemos más “al pensamiento de este siglo”.

La gracia es la llave. Cuando entendimos que no somos nosotros, sino que es Dios el que nos transforma, el peso del legalismo desapareció de muchos de nosotros. Al ser libres y no tener la carga de la pérdida, llegamos a pensar que nuestra libertad nos daba la tranquilidad de no tener que responder por algo de lo que no podemos llevar. La gracia vista desde esta perspectiva, es lo que ha llevado a que gran parte de la iglesia se olvide de la santidad, y ese mismo camino hoy lo estamos recorriendo como institución. El discurso se centra, de manera personal, en las luchas. Si yo estoy “luchando” y me reconozco a mí mismo la lucha, pareciera como si ya tuviera saldada la responsabilidad ante Dios y los demás. Sin embargo, esas luchas se han ido convirtiendo en el pase de seguridad para hacer con nuestras vidas lo que bien nos parece.

Ahora, la gracia es mucho más que eso y todos lo sabemos. El problema es cómo lo llevamos a la práctica. Si la gracia nos da la capacidad para reconocer que no somos capaces por nuestras propias fuerzas de agradar a Dios y de vivir en santidad, también debe darnos el criterio para acercarnos a Dios y permitir que sea Él quien lo haga. Si nosotros no podemos, Él sí puede. Sin embargo, hemos optado por el camino fácil, reconocer que no tenemos la capacidad y no hacer nada puesto que no depende de nosotros. Este concepto de gracia es el cáncer de quienes dicen conocer a Dios.
Pablo, en su carta a los Efesios da una demostración de lo que es la gracia y abre la posibilidad de reconocer que evidentemente es Dios quien transforma, pero que esto no implica falta de responsabilidad para quienes son transformados: “8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efe. 2:8-10).

El don inmerecido de la gracia, aquel que nos quita el peso de ser nosotros los que logramos las cosas, no es el don que nos da la llave para vivir de cualquier manera. Pablo reconoció que esa gracia que brinda salvación, también es la gracia que crea nuevas vidas en Jesús. Reconoció que es por gracia para que nadie se gloríe, pero que también es para que andemos en buenas obras. Reconoció que quienes han recibido la gracia, también han recibido el don de ser transformados.

No podemos seguir separando una cosa de la otra. Estamos llamados a sincerarnos con nuestra realidad, no somos capaces, pero también estamos llamados a ser transformados, a mostrar que Dios nos santifica y a vivir con esa realidad cada día. El Seminario necesita de hombres y mujeres valientes que confiesen que no tienen la capacidad de cambiar, pero que esa capacidad a la vez está en las manos de Dios y se está haciendo verdad en cada uno de nosotros. Han pasado 65 años y Dios no ha dejado de mostrar su gracia y su misericordia, básicamente porque no depende de nosotros. No obstante, hay que reconocer que seguimos necesitando esa gracia para ser transformados a la voluntad de Dios y que sin ella nuestro futuro es incierto como institución y como parte de la iglesia en Colombia y América Latina.

En Junio del año pasado celebramos los 500 años de la Reforma con un diálogo acerca del pensamiento reformado. La participación del pastor Ronald Christie mostró mucho de la realidad de la gracia en su tema “El Calvinismo y la Perseverancia”. Creo que hoy tenemos la responsabilidad de mirar de forma detallada sus palabras: “Es de suma importancia definir la perseverancia con referencia, no a la vida venidera, sino a esta vida. Nos enseña más claramente que el pensamiento reformado enfatiza que la santidad es parte esencial de la salvación; y que Dios ha ordenado no solo la meta de la salvación, sino también los medios para alcanzar esta meta” (Una mirada al Pensamiento Reformado, Christie, página 42).

Quiero evocar las palabras de Mark Labberton: “Somos extraños en tierra extraña; estamos llamados a vivir como exiliados, a no dejarnos llevar por el mundo que nos rodea, a recordar a quien le pertenecemos y cómo nos identificamos con Él” “Estamos llamados a vivir dentro de una sociedad sabiendo que el centro de nuestra vida debe ser Jesús y a entender que Él es la única audiencia que tenemos en cada esfera de nuestro diario vivir”. Estoy completamente convencido que estamos llamados a reconocer que la gracia no puede seguir siendo la excusa para no vivir conforme a la voluntad de Dios, la gracia, que cada uno ha recibido, debe convertirse hoy en nuestra más grande fortaleza para vivir con la plena certidumbre de que es Dios quien hace la obra y quien nos llama a vivir en santidad, no por nuestras capacidades, sino por la transformación que está obrando en cada uno de nosotros…


FELICITACIONES PASTOR ANDRES GIRALDO...
DIOS TE BENDIGA!!!!!!

27 de abril de 2010

Las Narco Novelas en Colombia


Una discusión en clase de cosmovisión cristiana en el seminario Bíblico de Colombia, motivó la siguiente reflexión acerca de la televisión en nuestro país; advierto que es un punto de vista subjetivo, parcializado y hasta cargado emocionalmente, pues en el pongo en evidencia mi opinión acerca de las novelas mafiosas que se han venido tomando el espacio televisivo de mayor rating en nuestro país. Advierto tambien que hago una crítica concienzuda, teniendo en cuenta que tuve contacto directo con una de las novelas citadas en la introducción. Así que les puede sonar un poco contradictorio que genere una crítica de algo  de lo cual me hice partícipe en primera persona. Con esto en mente puede tomar la desición de avanzar y compartir estos renglones que pretenden mostrar un poco acerca de lo que hay detrás de las narco  novelas colombianas!!!

Las Narco-novelas colombianas:
Un paradigma de violencia, deshonra internacional, promoción de antivalores y disolución de la moral cristiana.


De entre los medios masivos de comunicación en Colombia, es la televisión la que se ha consolidado en las últimas décadas como el instrumento predilecto por la gran mayoría de colombianos para ser el medio de difusión de información y entretenimiento. De ahí se explica la razón por la cual en los hogares colombianos no puede faltar como mínimo un televisor, sin contar aquellos que tienen la posibilidad de tener uno por habitación. Somos una sociedad de consumo televisivo, las noticias nos llegan por televisión, la trasmisión de eventos deportivos se ofrecen por este medio, las formas de entretenimiento (novelas, películas, concursos, etc.) se obtienen a través de la televisión, entre otros.

Como hacer un análisis crítico y objetivo de la televisión en Colombia, resulta complejo por las múltiples formas que adopta en su programación, me centraré en evaluar los programas televisivos que se transmiten en los horarios denominados triple A, horarios estelares, donde hay mayor cantidad de público consumiendo y generando rating; hablo de las novelas colombianas. Dichos espacios se han convertido en la oportunidad perfecta para “mostrar la realidad del país”, con esta excusa en los últimos años se ha promovido la difusión de novelas y miniseries, tales como: “la vendedora de rosas”, “sin tetas no hay paraíso”, “El cartel de los sapos”, “La viuda de la mafia”, “Pandillas, guerra y paz”, “Los protegidos”, “El capo”, “Las muñecas de la mafia”, “la virgen de los sicarios”, entre otras novelas, series y miniseries que se han encargado de exaltar la violencia, la guerra, la pérdida de la dignidad, la victoria de los violentos, la promoción de antivalores y la denigración de los valores cristianos como un paradigma de vida factible para la sociedad colombiana. La cultura mafiosa se ha venido enraizando en la televisión colombiana, donde se le rinde culto a las prácticas oscuras que son propias en dicho contexto.    
En primer lugar es interesante ver como en un país donde se ha vivido el flagelo de la violencia por algo más de medio siglo, los grupos alzados en armas, la corrupción, el secuestro, las ofensivas entre paramilitares y guerrillas, entre otras formas de violencia; resulta inconcebible que por medio de estas narco novelas se pretenda ofrecer un estereotipo de persona, basada en los valores propios del sicariato, el dinero fácil, el terrorismo que es justificado y encomendado a una imagen divina (como la virgen María y el Sagrado Rostro), las muertes violentas para sembrar terror y respeto entre sus enemigos, entre otras formas de violencia que propenden dichas novelas. Los niveles de violencia que manejan estas novelas se hace por momentos tan imperceptible, que resulta práctico, viable y hasta deseable en muchos casos la muerte violenta de un personaje, sin experimentar ninguna reacción negativa por dicha muerte por parte del televidente. Es el día a día de la historia y hace parte del libreto con el firme propósito que triunfe el protagonista principal, que generalmente suele ser el villano. Es interesante el eslogan de una de las novelas más sonadas por estos días en la televisión colombiana, “Rosario Tijeras”; su eslogan reza lo siguiente: “Amar es más difícil que matar”, ésta frase pone de manifiesto la idiosincrasia y las presuposiciones con las que la audiencia se acercará a observar dicha novela. La violencia como solución de los problemas.

Para citar un caso particular como ejemplo de violencia desmedida en las narco novelas colombianas, aludiré una novela que seguí de cerca: “El Capo”, y donde capítulo a capítulo se consideraba el asesinato, el secuestro, el chantaje y por últimas el suicido como la manera de obtener los ideales. Algo así como la idea maquiavélica del fin justifica los medios. Reciben preponderancia frases como: “Si se interpone en nuestro camino hay que quitarlo del lado”, “Toda persona y todo ser humano, tiene un precio”, “O te callás o eres hombre muerto”, “Una deslealtad se paga con sangre”, “Hay que pagarle con la misma moneda, quiere guerra….. guerra tendrá”, “Yo muero es dando bala”, “es cuestión de vida o muerte, tu vida o la de él”, “No es nada personal, son negocios y así se juega aquí”, “A ese hombre me lo traen vivo o muerto”; y muchas expresiones más que validan y promueven la violencia y el asesinato como una opción entre tantas para la solución de conflictos propios del colombiano, como la pobreza, el sometimiento y la falta de oportunidades que presenta éste país. De esta manera se ofrece a nuestros niños y nuestros jóvenes un paradigma de violencia, que encarnadas en estereotipos de actores y actrices, venden una imagen falsa, peligrosa y muy superficial para solucionar la problemática en nuestro país.

En segundo lugar, es necesario considerar la imagen que se está vendiendo de nuestro país ante el mundo, drogas, gente violenta, hombres de malas costumbres y negocios turbios, prostitución, y muchas actitudes censurables que encarnan los personajes de estas novelas y que han logrado como resultado el repudio y la estigmatización de los colombianos ante los ojos del mundo. Un extranjero que tiene contacto con una narco novela, presupone que la cultura dominante en Colombia es la de una idiosincrasia mafiosa y violenta, discriminando así a todo colombiano que se cruce por su camino y considerándolo como narco, pillo, matón o un estafador de turno. Con el único propósito de vender, de subir el rating, de consolidar la novela en lo más alto del consumo, de llevarse por delante a la competencia, se están entregando los valores y la dignidad de un país de gente trabajadora, echada pa´elante, de buenas costumbres, amigable, y con muchas posibilidades más de vida, que están por fuera de las alternativas que presentan en dichas novelas. Donde los buenos son malos y los malos son los héroes. No me parece justo que se venda la imagen del país y se estimule a través de estas producciones televisivas, al desprestigio y la censura internacional en contra de nuestros colegas colombianos dispersos por el mundo.

En tercer lugar, estas narco novelas son promotoras de una serie de antivalores que van calando en el subconsciente de los televidentes como parte de un estilo de “vida buena”. Algunos de los más frecuentes serían: las riquezas deshonestas y el dinero fácil; las comunidades excluyentes, donde solo hay privilegios para los que pertenecen a determinado gueto; las prácticas sexuales libertinas, ilícitas e indiscriminadas, cuyo único interés consiste en dar rienda suelta a los placeres propios del hombre (hedonismo), y donde se exalta la infidelidad y el orgullo como cualidades que se admiran; promueve una forma de comunicación grotesca y peyorativa con relación al ser humano; la intolerancia en el sentido de prevalecer sobre las ideas y las actitudes de otra persona, por considerarlas “no adecuadas”;  exalta el individualismo, donde no importa el compañero y se lucha por sobrevivir al precio que sea necesario; se comenten actos injustos en nombre de la divinidad, tergiversando las figuras celestiales y poniendo al hombre por encima de la voluntad de Dios; la deslealtad se pone de manifiesto, por medio de la traición y el engaño a los “amigos”; esto por citar algunos de los antivalores que enmascarados en una trama emocionante y atractivos personajes, se ofrece a la comunidad televisiva en Colombia. 

Por último quisiera mencionar la disolución de la moral cristiana en las narco novelas colombianas. Al ser un paradigma que exalta los estereotipos que viven bajo un criterio de antivalores como los que se citaron en el párrafo anterior, se suprime por completo la moral cristiana, se ignora, se pasa por encima e implícitamente se niega todo dogma religioso (Nihilismo). Colombia es un país religioso por naturaleza, históricamente se ha inculcado a las generaciones el temor reverente por las figuras divinas; la construcción de una ética y una moral fundamentada en la voluntad de Dios revelada en la Biblia; se identifica lo que es bueno y lo que es malo; se ha mantenido el pudor y el coraje frente a los actos aberrantes y pecaminosos. Estas novelas presentan un modelo que desmitifican las prácticas humanas de la voluntad de Dios y las alejan cada vez más de conservar una moral basada en el consejo de Dios. La biblia dice no robarás, allí es lícito robar y engañar; la Biblia dice no mentirás, allí es lícito engañar y mentir; la Biblia dice no matarás, allí es común y permitido el asesinato; la Biblia dice no desearás la mujer del prójimo, allí se aceptan relaciones ilícitas; la Biblia ordena amar a nuestro prójimo y perdonar sus ofensas, la ley que allí impera es el odio y la sed de venganza; entre muchas otras violaciones y arbitrariedades de la voluntad divina.

Como se puede observar la temática que se maneja en las narco novelas colombianas, atentan contra la construcción moral que por años ha costado levantar en un país como el nuestro, lleno de dificultades, sumido en luchas, flagelos y problemática interna. No se puede aceptar que bajo el pretexto de “mostrar la realidad del país” y de “buscar vías de prevención a la problemática interna de nuestra nación”, se susciten actos que vayan en contra de la moralidad cristiana, que atropellan la idiosincrasia de un pueblo golpeado y susceptible a la violencia. Dentro de los cánones de la moralidad y la ética cristiana, se destaca a Jesucristo como un modelo de vida, no el actor o el actriz de turno; proclama que el ser humano tiene derecho a ser respetado y valorado por el hecho de ser humano, no a pasar por encima de él e ignorar su humanidad;  en la moralidad cristiana el hombre nunca puede ser medio para un fin, sino que él mismo es el fin, y aun el hombre más miserable, simplemente por ser hombre, tiene valor y relevancia. La moral y la ética cristiana claramente están en contravía a la moral y la ética propuesta por esta clase de novelas que quebrantan los códigos educativos de nuestro país.

Esta concienzuda reflexión de las narco novelas, debe dejar como conclusión un reto para nosotros los consumidores de la televisión en Colombia. Es claro que transmiten hechos tomados de la realidad del país, pero esto no valida su difusión, que permite en el imaginario colectivo de niños, adolescentes y jóvenes, la violencia como una vía aprobada para solucionar problemas; que denigra de la identidad de nuestro país en el exterior, que ofrece un sinnúmero de antivalores que decosntruyen unos pilares básicos y fundan una nueva propuesta de vida; además contrarían la moralidad y la ética bíblica que la gran mayoría de colombianos reconocen como verdad y la consideran útil para la praxis diaria. Por estas y por muchas otras razones, propongo dar un enfático NO a las novelas de este estilo, tomar el control y no permitir que dichos programas permeen nuestras conciencias y por último terminen por influenciar nuestros actos.

Recuerdo una pauta publicitaria en el año 2009 para una marcha en contra de las FARC en nuestro país, que rezaba lo siguiente: “No más secuestros; No más mentiras; No más muertes; NO MAS FARC”; me permito usar esta frase como una voz de protesta en contra de las novelas colombianas, arrojando el siguiente eslogan: “No más secuestros; No más muertes violentas; No más mentiras; No más droga; NO MAS NARCONOVELAS EN COLOMBIA”. El compromiso en nuestro, aun tenemos el control en la mano y de nosotros depende alimentar o suprimir de nuestra programación, emisiones como estas, que más que educar e informar a los televidentes, los destruye y los captura haciéndolos presos del morbo y el amarillismo que dichos programas manejan como estrategia de seducción televisiva.

¡DIGAMOS NO A LAS NARCONOVELAS EN COLOMBIA!

  




8 de enero de 2010

EL VALOR DE LA TEOLOGÍA Y LA FILOSOFÍA COMO ACTIVIDAD EN EL CONTEXTO ACTUAL (PARTE I)


Me remito a escribir este artículo motivado por la tensión existente entre dos disciplinas que son pertinentes para la transformación social, grupal e individual de una realidad colombiana que cada vez es más oscura, alarmante y  temible. Día a día me enfrento a preguntas inevitables tales como: ¿Usted estudia teología y filosofía?, ¿No son ciencias contradictorias?, ¿La filosofía no entra en conflicto con la teología?, ¿Los filósofos no niegan a Dios? Entre otros cuestionamientos que me han hecho reflexionar acerca de la misión de la teología y del teólogo, como de la de la filosofía y el filósofo. 



 
Debo comenzar reconociendo que el número de cristianos que estudian filosofía es bajo, no obstante en los últimos años con relación a la década de los sesenta, este número ha aumentado considerablemente y por ende su influencia en dichas disciplinas también. La filosofía de la religión está floreciendo de formas impensables desde hace unos cincuenta años. Dios está levantando hombres y mujeres que trabajen y reflexionen desde la apologética y presenten una concluyente defensa de su fe cristiana. Del mismo modo grandes pensadores que reflexionen sobre la realidad, buscan alternativas que promuevan la buena vida en la comunidad donde residen. Como dice Jesús Mosterín: “El problema fundamental de la filosofía práctica es el de la buena vida”.[1]
Este mismo autor define la buena vida, como la contemplación de la felicidad en todos los ámbitos en el que el ser humano se involucra. Justamente en este punto empiezo por encontrar concordancia con la misión de la teología, pues la doctrina cristiana se fundamenta en un estilo de vida digno, saludable y abundante; como declara el evangelista en Juan 10:10: El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”[2] ; Y en 3 Juan 1:2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”[3]. Se hace evidente que el deseo del teólogo y el propósito divino para las personas es vivir una buena vida; justamente lo que busca el filósofo práctico.
¿Pero dónde está el meollo del asunto? ¿Por qué razón estas disciplinas no gozan de la aceptación popular? ¿Por qué se piensa en confusión y tensión cuando se enfrentan la filosofía y teología? Son muchas las razones existentes, pero consideraré tres: Primero la filosofía y la teología se han convertido en disciplinas que no aportan mucho a las necesidades de los latinoamericanos y sus doctrinas se han convertido en discursos insuficientes para enfrentar la realidad colombiana, porque se ha concentrado en su estudio historiográfico y se han quedado empantanadas en conceptos (En su mayoría confusos); grandes tratados, libros escritos en idiomas extraños, críticas sobre críticas, reflexión sobre textos escritos siglos atrás y que pertenecen a otra cultura; son algunos de los indicadores que me hacen pensar en la insuficiencia de dichas disciplinas. Aunque es necesario conocer la teoría, la historia, los idiomas, manejar autores clásicos y conocer sus postulados, NO ES SUFICIENTE.


Segundo, si bien es cierto que se ha elaborado una filosofía y una teología en Colombia, también es cierto que no existe una filosofía y una teología hecha en Colombia para colombianos. La filosofía y la teología en Colombia no aparecieron en escena como el resultado de una necesidad en el desarrollo histórico del país, sino que irrumpieron como un saber con realidades y circunstancias ajenas a las nuestras. El proceso de aprendizaje en Colombia siempre estuvo ligado al pensar europeo y norteamericano; donde nos traían reflexiones propias de su realidad, marginando de esta manera la capacidad de reflexión del colombiano conforme a su realidad y su problemática. Los  problemas filosóficos deben ser pensados conforme a las necesidades propias de donde se formulan. La teología debe ser procesada acorde a la realidad del país con el fin de que tenga pertinencia social y no parezca ser como un camello en pleno centro de Bogotá. Colombia no es un pueblo culturalmente filosófico ni teológico; y no lo es, porque son saberes relegados a las clases sociales más favorecidas, a grandes institutos y seminarios, confinando así la academia a pequeños grupos de elite socialmente calificada. El influjo de nuestros docentes juega un papel fundamental en este distanciamiento con la realidad, pues como la gran mayoría de ellos han hecho sus estudios en el exterior, citan como prenda de autoridad, autores que nunca han pisado nuestro país y por lo tanto desconocen una realidad que debe ser como dije antes, reflexionada y estudiada con un detenimiento especial, generando tanto filosofía colombiana, como teología hecha en Colombia para colombianos.

Por último consideraré la tendencia que desde el colegio nos han inculcado con respecto a estas dos asignaturas. En mi caso particular recuerdo que las clases de religión y de filosofía eran las más rígidas y tediosas de la semana, colmadas de largas lecturas, dinámicas aburridas y presión por parte del profesor, entre otras. Teoría, teoría y más teoría, caracterizan estos cursos que desde el colegio toman forma de ciencias abstractas. Nunca recuerdo haber salido en una clase de religión en mi colegio a visitar enfermos, o dar de comer a los indigentes de mi ciudad, o simplemente a repartir abrazos gratis por la calle (cual sea el último grito de  la moda), aunque la Biblia enseña claramente que: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?  21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”[4] Y en filosofía nunca reflexionamos sobre la problemática del proceso 8000 que en aquel entonces hacía eco en nuestros entes políticos, ni propusimos opciones de cambio para la confusa situación guerrerista entre el ejército de Colombia y los grupos insurgentes como las FARC y el ELN; nunca se nos pidió reflexionar con base en los autores clásicos para formular posibilidades que condujeran a los colombianos a alcanzar un buen estilo de vida. Lo que realmente importaba era presentar el examen que dependía de la buena memoria de unos cuantos y la capacidad de distribuir información en el aula sin que el profesor se percatara de ello. Y en el contexto universitario la cosa no varía mucho, textos en mayor proporción, parciales, y cartones que acreditan a los nuevos filósofos y teólogos del país. La teología y la filosofía no debe ser vista tanto como una ciencia, sino como una ACTIVIDAD; esta actividad se vale de las demás ciencias para estar en acción permanente y constante con relación a la realidad nuestra.
Continuara......



[1]Mosterín, Jesús. La Insufieciencia de la Filosofía Actual.
[2]Juan 10:10. Nueva Versión Internacional.
[3]Versión Reina Valera 1960
[4]Ibid.